TOMADO DE GomeraVerde
José Ignacio Algueró: Marruecos tiene en la inmigración irregular un arma muy poderosa.
Ante los últimos acontecimientos referidos al
Sahara Occidental y al notable incremento de la llegada de pateras a
Canarias, nos hemos puesto en contacto con José Ignacio Algueró, autor
de la obra El Sahara y España. Claves de una descolonización pendiente.
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Hace
un mes, usted publicaba en gomeraverde un artículo en el que repasaba
cómo había entregado España el Sahara a Marruecos y Mauritania en 1975, y
las consecuencias derivadas de este hecho. Concluía el mismo lamentando
la indiferencia de los medios de comunicación ante todo lo que ocurría
en el Sahara. Sin embargo, este mes ha habido una avalancha de noticias…
En
efecto, el 13 de diciembre, soldados marroquíes desalojaban por la
fuerza en Guerguerat a civiles saharauis que impedían el paso ilegal de
camiones cargados de mercancías producidas en el Sahara ocupado y
destinadas a la exportación. El Frente Polisario consideró que Marruecos
con este ataque había violado el Acuerdo de Paz vigente desde 1991, que
consideraba Guerguerat una zona desmilitarizada, en la frontera
suroccidental del Sahara con Mauritania, y, ante la falta de una
respuesta de la ONU, decidió reanudar la guerra. Desde entonces, los
acontecimientos se suceden.
¿Cuál es el balance de este mes de combates?
El
Polisario ha emitido un comunicado diario informando de ataques contra
el muro defensivo que recorre el Sahara de norte a sur y separa el
llamado por los marroquíes Sahara útil de lo que se conoce como
territorios liberados. Estos ataques habrían producido daños humanos y
materiales al enemigo, pero no los cuantifican. Por su parte, Marruecos
guarda absoluto silencio para no dar protagonismo a los polisarios.
Pero el ejército marroquí es mucho más poderoso que el saharaui…
En
efecto, Marruecos tiene un poderoso Ejército de unos 200.000 efectivos,
equipado con moderno armamento proporcionado por Estados Unidos,
Francia y, en menor medida, pero tristemente, por España. Por su parte,
el Ejército saharaui es cuantitativamente mucho menor, y su armamento,
de fabricación rusa principalmente, y una parte capturado a Marruecos en
la anterior guerra, carece de aviones y barcos, y no es tan moderno. El
Polisario tiene una ventaja estratégica: el Ejército marroquí vive
encerrado y en alerta permanente tras un muro de 2700 kilómetros de
largo, y son los saharauis quienes deciden dónde y cuándo atacan.
¿Es una guerra tan desigual la mejor alternativa?
Por
supuesto que una guerra es siempre una tragedia y quienes se
benefician realmente de ella son los vendedores de armas, pero a los
saharauis les prometió España un referéndum para elegir su futuro en
1974, y la ONU lo frenó. En 1982 lo prometió Hassan II ante la OUA y no
lo realizó. En 1991 el Frente Polisario firmó la paz fiándose del
compromiso de Marruecos de celebrar la consulta, pero este país exigió
primero inflar el censo de votantes con colonos marroquíes, y cuando el
Polisario, ante la sorpresa general, aceptó aumentarlo en parte,
Marruecos exigió unos años de autonomía previa. Finalmente, Mohamed VI
acabó afirmando que nunca se celebraría el referéndum, y que el Sahara
era marroquí, por lo que sólo cabía la autonomía.
Eso es lo que apoya ahora Trump. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Pensar
que un país tan centralista como Marruecos, en el que regiones como el
Rif tienen a sus líderes encarcelados por defender la autonomía, es
absurdo. Además, analizar una posible autonomía es hacerles el juego a
Mohamed VI y a Trump. Marruecos se comprometió en 1991 a celebrar el
referéndum, hay un censo hecho, sólo bastaría actualizarlo y cumplir de
una vez las resoluciones de las Naciones Unidas que defienden que los
saharauis deben decidir su futuro.
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¿Cuál ha sido la posición de los Gobiernos españoles respecto al conflicto del Sahara?
Los
partidos políticos españoles han tratado este asunto en función de que
estuvieran en el poder o en la oposición. Felipe González visitó a los
saharauis en 1976 y se comprometió a defender su causa hasta la victoria
final; ya en el poder, le dio la espalda al Polisario, colaboró con
Marruecos, y hoy es huésped de honor de Mohamed VI. Zapatero comenzó
defendiendo el derecho a la autodeterminación, pero después acabó
apoyando abiertamente la autonomía y los grandes avances democráticos
de Marruecos (como suena); en su avance hasta caer postrado a los pies
de Mohamed VI, condecoró a un jefe policial marroquí cuando era buscado
por Francia acusado de torturas. Pedro Sánchez ha borrado el derecho
saharaui a la autodeterminación del programa electoral del PSOE, y
trata de acallar a Pablo Iglesias en su llamada a que se respete este
derecho. La lista de agravios y de traidores a la causa saharaui es
larguísima. Curiosamente, Aznar, pese a apoyar la guerra de Irak, hizo
frente a Hassan II.
¿Cuál es la posición de la Unión Europea?
Tan
cínica como la del Gobierno español. Mientras habla de respetar las
resoluciones de la ONU, ignora un informe jurídico que exige que los
saharauis autoricen la venta de sus riquezas y sean los beneficiarios de
ellas. Firma con Marruecos un acuerdo de pesca que incluye aguas del
Sahara Occidental ocupado, y da trato preferente a Rabat en sus
intercambios comerciales, sin exigirle el respeto de los derechos
humanos; además, le entrega ingentes cantidades de dinero para que frene
la salida de inmigrantes, cosa que hace en función de sus intereses.
¿A qué se refiere con esta última afirmación?
El
Gobierno marroquí tiene en la inmigración irregular un arma muy
poderosa. Dahla (la antigua Villacisneros) es la segunda ciudad más
poblada del Sahara ocupado, está custodiada por gran número de agentes
policiales marroquíes y, sin embargo, es el principal punto de salida de
pateras del África noroccidental. Egoístamente, al Gobierno marroquí le
interesa que salgan emigrantes, pues eso disminuye la alta tasa de paro
del país; y si son saharauis que defienden la independencia, mucho más.
Cuando Marruecos quiere presionar a España o a la Unión Europea, le
basta con hacer la vista gorda y dejar que las mafias sobornen a los
agentes policiales para que permitan la salida de las pateras. Todos
sabemos el gravísimo problema humano que viene creando esa llegada
masiva de pateras a Canarias. La última oleada es un aviso de Mohamed VI
al Gobierno español, el enésimo chantaje ante actitudes de los
dirigentes españoles que no le gustaban.
¿Existe,
según usted, una relación entre la presión migratoria reciente, el
trato dispensado a la delegación española que viajó recientemente a
Marruecos, y la salida de Pablo Iglesias de la delegación que iba a
viajar al país magrebí el próximo día 17 y que fue anulada, según la
versión oficial, para evitar riesgos derivados del coronavirus?
Estoy
convencido de ello. El Gobierno marroquí sabe que ningún organismo
internacional le reconoce el derecho a ocupar el Sahara, y vuelca sus
esfuerzos en sustituir el referéndum por la burla de la autonomía. Ha
conseguido el apoyo de Trump, y sabe que Francia también lo apoyará.
Conoce igualmente que tanto en el Parlamento español como en la mayoría
de nuestros ciudadanos hay una identificación con la causa saharaui.
Cuando ve que en la delegación española viaja Fernando Grande-Marlaska,
quien siendo juez de la Audiencia Nacional dictó un auto que reconoce a
España como potencia administradora del Sahara de derecho, y, por
tanto, obligada a facilitar la autodeterminación de los saharauis, o
cuando lee que uno de los vicepresidentes del Gobierno español afirma
que se debe respetar la resolución de la ONU que exige el referéndum
como salida al conflicto saharaui, actúa…
Queda
claro que para usted la solución justa para el Sahara Occidental es la
autodeterminación a través de un referéndum. ¿Ve alguna solución para el
problema de la inmigración irregular?
Tanto
el presidente de Canarias, como la diputada Ana Oramas, en una actitud
que creo que les honra, han hablado del drama humano de la emigración en
estas condiciones, y han dicho que los canarios lo entienden porque han
sido históricamente emigrantes. Efectivamente, es un drama que miles de
personas jóvenes arriesguen sus vidas -y las pierdan en muchas
ocasiones- y entreguen a las mafias el dinero ahorrado con inmenso
sacrificio por sus familias. En la inmensa mayoría de los casos, lo que
los mueve es la esperanza de encontrar una vida mejor en Europa huyendo
de la pobreza, las guerras o la persecución política. Parece que Europa
no puede absorber tanta inmigración. Por tanto, una solución estaría en
invertir en el desarrollo de sus países de origen, en crear allí
empresas y explotaciones en las que se respeten los derechos humanos y
en particular los laborales, en facilitar microcréditos y ayudas para
que los nativos africanos puedan crear sus propias empresas y generar
riqueza. Y mientras tanto, poner todos los medios para que no se haga
realidad la conmovedora reflexión de Eduardo Galeano: “Los naúfragos de
la globalización peregrinan inventando caminos: las puertas que se
abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices.
Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las
orillas prohibidas”.
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