Que el fin del mundo te pille bailando,
Que el escenario me tiña las canas,
Que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
Ni ciento volando ni ayer ni mañana
Que el corazón no se pase de moda,
Que los otoños te doren la piel,
Que cada noche sea noche de bodas,
Que no se ponga la luna de miel.
(Noches de boda, Joaquín Sabina)

Recuerdo perfectamente el día que, por
primera vez, pulsaba la tecla “publicar“. Era mi primer post, no eran
más que siete líneas en forma de pequeños recuerdos, mi primera
inmersión en el mundo de la blogosfera, mi primer puñado de ideas
lanzado al aire sin saber si alguien lo recepcionaría, le gustaría o,
simplemente, lo leería.
Recuerdo, que esta idea de tener un blog
llevaba paseando libremente por mi mente desde hacía varios meses. Según
el día o la hora, esa misma idea pasaba por diferentes fases: crecía o
se desvanecía a partes iguales. El final, todos lo sabéis, fue abrir
este pequeño “balcón” a todo aquel que quisiera pasar y compartir un
ratito conmigo, compartir vivencias, pero sobre todo contaros las mías
para que con ello conozcáis a los niños y niñas saharauis y todo lo que
tenga que ver con esa dura realidad.
Recuerdo, la de veces que lo leía,
releía, borraba, añadía. Y también recuerdo y muy bien, que los primeros
días tuve el blog “privado”. Me atrevía a publicarlo pero no que lo
leyesen. No estaba preparada para las críticas, ni para que la gente a
la que iba dirigido no entendiesen lo que yo quería transmitir. Y lo
admito; me preocupa lo que pensáis y más de lo que debería. Tengo miedo a
fallaros, decepcionaros, cuando me leéis, o simplemente que mi mensaje
no sirviese de base para quienes forman parte de esta gran familia
solidaria.
Reconozco, que a lo largo de estos tres
años he cambiado, pero hay cosas que no. El cambio no es malo, creces y
cambias. De hecho no soy la misma que hace tres años. Aún así, sigo
siendo la misma que se emociona hablando de mi infancia, que al
recordarlo se me pone la piel de gallina, y sobre todo al intentar
contároslo pone todo su empeño para haceros participes en esa historia y
trasladaros a esa realidad, sólo que ahora lo intento hacer mejor, a
veces lo consigo y otras tantas no.
Escribir es mi pasión desde que puedo
recordar; escribir de lo que sea y por lo que sea. Por eso, aquella idea
de tener un espacio en el que plasmar todas esas ideas, reflexiones y
pensamientos se materializó un 7 de diciembre del 2014. Ahora, echo la
vista atrás, y parece mentira que hayan pasado ya tres años de aquel
momento. Hoy, 3 años. Ese momento en el que no imaginaba todo lo bueno
que estaba por llegar. Porque sí, han sido tres años muy positivos en
todos los sentidos.
Han sido tres años llenos de aprendizaje
continuo y crecimiento personal. De ver el lado bueno de las cosas. De
cuidar los pequeños detalles, al fin y al cabo, los más importantes. De
valorar momentos que antes pasaban inadvertidos. De conocerme por
completo, o casi, de saber realmente lo que quiero y cómo lo quiero.
También de saber a quién quiero. Y a quién no. Todo viene en un pack.
Este espacio me ha hecho soñar, de hecho
lo sigue haciendo cada día, y me ha dado alas para seguir soñando con
hacer realidad todo lo que se me pasa por la cabeza que, por cierto, no
es poco. Ha servido para querer arriesgarme de una vez por todas y
lanzarme a la piscina…o cruzar ese río de una vez. Ya veremos qué sale
de todo esto. Porque si algo me gusta: es tomar decisiones, a veces
pensándolas y otras tantas ni eso. Me gusta arriesgar, pero sobre todo
disfrutar. Pocas veces, muy pocas, me suele arrepentir de lo que hago y
no porque no quiera, sino porque siempre considero que unas veces se
gana y otras tantas se aprende.
Han sido tres años llenos de viajes. De
cambios. De sorpresas. De descubrimientos. De planes gastronómicos, (los
que me conocen pueden dar fe de ello). De domingos de sofá y peli. De
risas aseguradas. Y planes improvisados. Tres años de motivación
constante. De mensajes que te alegran el día. De enhorabuenas
descontrolados. Tres años de superación, de nuevos proyectos que espero
contar en su debido momento. Tres años de conferencias, de charlas de
sensibilización, y de hacer realidad sueños, como escribir en algunos
periódicos digitales, o presentarme al concurso Nacional de Mujeres Por
África, entre otros. De conocer (personal y virtualmente) personas
maravillosas, se me vienen a la cabeza unas cuantas, sí sois todos
vosotros.
Gracias por acompañarme, compartir
conmigo vuestro tiempo algo que valoro muchísimo. Por compartir cada
vivencia, aconsejarme, corregirme. Gracias por formar parte del
“vivenciasdeunniñosaharaui” gracias por ser y estar. Siempre. Porque sin
vosotros, esto no existiría. Tres años de felicidad en los que este
espacio en blanco se ha convertido en mi mayor desahogo y la mejor
medicina para cualquier resbalón o tropiezo. Tres años que saben a poco y
que han pasado tan rápido que parece hasta mentira. Tres años que no
son más que el comienzo de algo mucho más grande.
Quiero que sepáis, que aún quedan muchas
cosas por enseñaros, mostrar, contar, compartir, por debatir, por reír,
por emocionar, e incluso por querer dejar de escribir, porque si algo me
llevo de estos tres años; es que he aprendido a transformar cada
obstáculo en un impulso.
Y llegados a este punto, si me
preguntaran si, pasado este tiempo, me arrepiento de haber abierto este
pequeño “balcón” diría que no, por supuesto que no, pero que esperasen
porque…lo mejor siempre está por llegar, y eso no lo es sin vosotros.
¡Por que la infancia de un niño saharaui, merece ser contada!
Benda Lehbib Lebsir.