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La muerte del joven presidente

La muerte del joven presidente

El Uali Mustafá Sayed. Primer Presidente de la República Saharaui.
El 9 de junio de 1977 el primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática moría en combate en Mauritania, luego de haber liderado un audaz ataque a la capital de dicho país, en el marco de la Guerra de Liberación.
“Si quieres tu derecho es preciso que estés dispuesto a derramar tu sangre, es preciso que sacrifiques todo por una sola cosa: tu dignidad” El Uali Mustafa Sayed

En 1948 nació El Uali Mustafá Sayed – fuentes discrepan sobre su lugar de nacimiento – unos dicen que fue en la localidad de Tan Tan, en el territorio de Cabo Juby que hasta 1958 formó parte del Sahara Español, para ser cedido por razones políticas a Marruecos, y otros, en la localidad de Bir Lehlú, en Saguía El Hamra. Sea como fuere, El Uali, también conocido como Luley por sobre todas las cosas, era saharaui. En los años 70, siendo estudiante universitario en la Universidad Mohamed V, tuvo un acercamiento a grupos de izquierda, que fueron objeto de una dura represión, lo llevó a exiliarse – tras un lapso corto de estar en prisión – a la vecina Argelia. En esos años, el régimen de Argel, era considerado una “La Meca de los revolucionario” y EL Uali se contactó con cuadros del FLN (Frente de Liberación Nacional). Esto lo influyó ideológicamente. No obstante ello, quién ayudaría materialmente al recién creado Frente Polisario, de cuál El Uali era parte desde su creación, fue el régimen libio del coronel Gadafi. Este polémico personaje, en 1972 sostuvo en un discurso, que si la descolonización del Sahara Español no se llevaba a cabo, Libia asumiría la responsabilidad de apoyar con armas y dinero la lucha por la liberación.
La carencia de medios, no obstante la solidaridad libia, no desanimó al Frente Polisario, que lanzó en mayo de 1973 su primera acción armada contra el puesto de Janguet Quesat, donde El Uali formo parte del ataque. A partir de este momento sería parte de las distintas acciones armadas contra la presencia española. Su carisma, inteligencia y especial talento de líder. El I Congreso del Polisario en la localidad mauritana de Ain Bentili (septiembre de 1974) El Uali fue nombrado Secretario General y líder del movimiento. La lucha anticolonial se intensificaría, tanto en el plano militar como político. El trabajo realizado por el Polisario, llevó a que el grueso de la población saharaui fuese favorable al movimiento. Especial influencia tuvo el Frente en la juventud, trabajadores de las minas y militares saharauis de la Policía Territorial y las Agrupaciones Nómadas.
En su período como Secretario General del Frente Polisario, le tocó vivir momentos sumamente difíciles., y es donde se puso de manifiesto su talento como líder y organizador, además de ser un hábil político. El 12 de octubre de 1975, en Ain Bentili, líderes tribales, de la Asamblea General del Sahara, y el Partido Nacional de la Unión Saharaui (creación del gobierno español) firmaron el pacto de unidad nacional. Esto abrió las puertas a la integración de otros actores de la sociedad saharaui en el Frente Polisario, convirtiéndolo en un auténtico movimiento nacional donde estaba representado el grueso del pueblo saharaui.  Sin ninguna duda, el primer paso para conformar una nación estaba dado.
El año 1975 podemos decir que fue un tiempo oscuro para los saharauis, la presión de Marruecos y Mauritania se incrementó tanto en el plano diplomático, como militar. Los marroquíes protagonizaron numerosos incidentes armados, que fueron denunciados por España a las Naciones Unidas. El rey Hassan II amenazaba abiertamente con una guerra. Sabía de la debilidad política de España, ante un Generalísmo Franco que estaba extremadamente enfermo y a las puertas de la muerte.  En este año se libró la memorable batalla jurídica en la Corte Internacional de Justicia, que fue emitió su célebre dictamen donde señaló claramente que Los materiales e información presentados al Tribunal muestran la existencia, en el momento de la colonización española, de vínculos jurídicos de vasallaje entre el Sultán de Marruecos y algunas de las tribus que viven en el territorio del Sáhara Occidental. Igualmente, muestran la existencia de derechos, incluidos derechos sobre la tierra, que constituyen vínculos jurídicos entre la entidad mauritana, tal como la entiende el Tribunal, y el territorio del Sáhara Occidental. De otro lado, la conclusión del Tribunal es que los materiales e información presentados a él no establecen ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sahara Occidental y el reino de Marruecos o la entidad mauritana. Por tanto, el Tribunal concluye que no ha encontrado vínculos jurídicos de tal naturaleza que puedan afectar a la aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General a la descolonización del Sáhara Occidental y, en particular, al principio del autodeterminación a través de la libre y genuina expresión de la voluntad de los pueblos del territorio.
España estaba embarcada en un doble juego, seguramente para ganar tiempo y desembarazarse del problema. Por un lado promovió un diario, La Realidad, abiertamente favorable a la independencia, comenzó un proceso de asimilación de saharauis en la administración del territorio, y las promesas de llevar a cabo un referéndum se mantuvieron firmes. Incluso el gobierno español hizo una brillante defensa de la cuestión saharaui ante la Corte Internacional de Justicia, pero por otro lado, detrás de bambalinas los lobbistas favorables a Marruecos, presionaban por la entrega del territorio, con el temor que el Sahara fuera cooptado por la Argelia revolucionaria y se convirtiera en un facto de desestabiliazdor al pro occidental Marruecos.  Estas lecturas, erróneas y funcionales a la tesis marroquí, condujeron a España la firma de los llamados Acuerdos de Madrid, que incluyó a Mauritania.  La invasión marroquí era una realidad, con la Marcha Verde, que fue la cortina de huma para la invasión del territorio por el sector Noroeste. Los puestos españoles abandonados por orden de Madrid, habían sido ocupados por las fuerzas del Polisario. El Uali protagonizó negociaciones con España, que no llegaron a ningún lado, dado que formaba parte de maniobras dilatorias. La muerte del dictador Franco aceleró el proceso de evacuación. La guerra era una realidad.
La firma de los Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975, donde España “cedía” la administración del territorio a Maruecos y Mauritania, era contraria al derecho internacional. España se olvidó de las promesas de independencia, de asistencia. Contrario a lo que decía la propaganda marroquí, la misión visitadora de Naciones Unidas en un extenso informe constató que el pueblo saharaui en su inmensa mayoría era favorable a la independencia y al Frente Polisario, que era su legítimo representante. La represión marroquí, la violencia contra la población civil en la invasión, llevó a que casi la mitad de la población saharaui – unos 40.000 – huyera al desierto. Allí muchos encontrarían la muerte por los ataques aéreos marroquíes (con la intención de atacar a guerrilleros polisarios que brindaban cierta seguridad a las columnas en algunos casos), teniendo el Sahara Occidental sus propios “Guernica” en Guelta Zemmur y Um Draiga, donde campos de refugiados fueron atacados, incluso con napalm y fósforo, por la fuerza aérea marroquí. Esto impulsó a que la mayoría de los refugiados fueran a parar a los campos de refugiados de Tinduf.
En el medio de la precariedad sanitaria, una invasión de dos ejércitos, ataques aéreos, clima de represión en la ciudad de El Aaiún, España terminaba con la evacuación de 20.000 civiles, exhumó cementerios y evacuó 10.000 soldados. Quedaban horas para que las últimas autoridades, en los términos del Acuerdo de Madrid, regresaran a España. En estos momentos dramáticos, el Consejo Nacional Saharaui, ante periodistas extranjeros en el caserío de Bir Lehlú, proclamaba la creación de la República Árabe Saharaui Democrática. Era un 27 de febrero de 1976. El gobierno saharaui, refugiado en La Ag:üera, se trasladó a un punto más seguro. El 28 de febrero de 1976 a las 1130 de la mañana el pabellón español era arriado de El Aaiún y quienes eran considerados españoles, ahora no eran más que extraños abandonados a su suerte.
El 1 de marzo de 1976, el El Uali Mustafá Sayed era electo presidente de la RASD. Los desafíos son muchos, organizar los campos de refugiados, obtener ayuda internacional y apoyo a la causa, y enfrentar la invasión. Las fuerzas ocupantes eran diez veces superiores a los saharauis. Ello no impidió que El Uali organizara una eficaz resistencia.  Es el comienzo de la llamada “Defensa Positiva” donde las fuerzas del ejército saharaui, buscó retrasar la invasión a través de acciones de retardo/desgaste, brindar seguridad a los refugiados que se dirigían a los campos de Tinduf en Argelia. Los combates son encarnizados y literalmente se lucha hasta el “ultimo hombre, y último cartucho”. Siendo ejemplo la batalla de La Agüera, donde 100 saharauis resisten asaltos de infantería y bombardeo de artillería terrestre y naval.  La llegada de 2.500 soldados saharauis que habían prestado servicios en el ejército español, permitió contar con personal experimentado. Esto alentó a tomar acciones de mayor envergadura contra Marruecos y Mauritania.
Mauritania, fue considerado un actor más vulnerable que Marruecos, a pesar que sus recursos, en comparación con los saharauis eran superiores (los mauritanos tenían apoyo de marroquíes y franceses).  En junio de 1976, la conducción nacional saharaui lanzó la “Ofensiva de Verano”. Esta consistió en un ataque “relámpago” formado por 800 efectivos, equipados con jeeps con ametralladoras y cañones sin retroceso, teniendo como objetivo dar un “golpe estratégico” contra la estructura de conducción mauritana y sus sostén económico – la minería de hierro – que llevarían a cabo una serie de columnas móviles de unos 200 efectivos. Una de ellas, la destinada a golpear la capital mauritana, Nuakchot, estaba liderada por El Uali Mustafá Sayed, presidente y comandante en jefe de las fuerzas militares saharauis.  El 8 de junio de 1976, el palacio presidencial mauritano es ametrallado por los audaces saharauis. Ante la imposibilidad de materializar el “golpe estratégico”, provocar la parálisis en la conducción de la guerra en Mauritania. Los saharauis se replegaron en la región de Akjujt. Allí encontró la muerte el presidente El Uali. Tenía solo 28 años.  Un duro golpe para el naciente estado saharaui. La respuesta a esta muerte fue un nuevo ataque a Nuakchot por parte del comandante Ayub, quién ocupó por varias horas los suburbios de dicha ciudad.  El III Congreso del Polisario, proclamó como presidente de la RASD, a Mohamed Abdelaziz, quien lideraría la nación saharaui por décadas hasta su muerte.  En homenaje al presidente muerto, y líder indiscutido de la independencia, en 1977 fue lanzada la Ofensiva Mártir El Uali, que consistió en una serie de acciones armadas contra el potencial económico de Mauritania y determinados objetivos estratégicos. Siguiendo los lineamientos de la “Ofensiva de Verano” liderada por El Uali Mustafá Sayed, generando serias pérdidas. Esta modalidad de guerra terminaría con Mauritania en la mesa de negociaciones y su retiro de la guerra.
El Uali Mustafá Sayed, a pesar de su juventud, mostró tener un gran talento estratégico, bajo su liderazgo logró que el pueblo saharaui superara la catástrofe del exilio, la invasión, y lo organizara para librar una guerra de características únicas, que los transformaría en temibles guerreros del desierto. En el plano político, organizó los campamentos y gracias a su carisma mantuvo cohesionado a su pueblo en horas verdaderamente dramáticas.

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