En Marruecos, la letra sigue entrando con violencia

Alumnos en un aula del colegio Oudaya de Rabat.
Alumnos en un aula del colegio
Oudaya de Rabat

EL PAÍS, España. Gran polémica por la muerte de una niña de 10 años tras ser golpeada por su maestra.  Hiba era una niña de 10 años que murió el pasado 12 de febrero en la ciudad de Meknes a causa de una infección en el ojo.


Su madre asegura que la infección sobrevino tras la lesión que le provocó su maestra al golpearla. Aunque la delegada regional del Ministerio de Educación declaró que la muerte de la niña nada tuvo que ver con la violencia física que sufrió, el caso está pendiente de resolución judicial. Y el debate de la violencia contra los alumnos ha tomado fuerza. En una encuesta de Unicef efectuada en 2004 el 73% de los enseñantes confesó que recurría al castigo corporal y el 87% de los alumnos declararon haber sido golpeados en el colegio con un palo, una regla o un tubo de goma.
En Marruecos aún no existe una gran conciencia social sobre la figura del matón de colegio, el acoso escolar y el maltrato de unos alumnos hacia otros. Sin embargo, la violencia por parte de los maestros es un tema recurrente. Aunque el Ministerio de Educación ha puesto en marcha desde 2012 varias iniciativas para frenar la violencia, demasiada gente sigue considerando inconcebible la educación sin castigo corporal.
El Código Penal prevé penas de uno a tres años de prisión para quien golpee a un menor de 15 años, pero la práctica sigue repitiéndose en los centros públicos y privados. La semana pasada el diario L’Economiste dedicó su portada y varias páginas a tratar la cuestión del “sadismo” en el colegio.
El diario explicaba que los profesores están mal formados, desmotivados y desbordados, con aulas de hasta 70 alumnos por clase. Muchos maestros eligen el camino fácil y tradicional de amedrentar y humillar a los pupilos para controlar las aulas. Los inspectores hacen la vista gorda y los padres —uno de cada tres son analfabetos—, no tienen el hábito de denunciar.
Al final, un 70% de los alumnos abandona los estudios antes de terminar el bachillerato.