Una buena ‘Historia de Marruecos’ sin el Sahara

 

La reciente salida al mercado del libro Historia de Marruecos editado por Libros de la Catarata, de la historiadora española María Rosa de Madariaga es una aproximación seria y rigurosa hacia nuestro país vecino.
La autora es diplomada en Literatura y Civilización Árabe y doctora en historia por la Universidad de París, además de haber sido funcionaria de la Unesco, y sobre todo es una gran especialista en la etapa del Protectorado español en el norte de Marruecos, el Rif y en especial de la figura de Abd el-Krim de lo que ha dejado testimonio en otros libros. Así pues es una autora de garantías que aborda la historia de Marruecos de forma ambiciosa ya que abarca el período desde el siglo XII a. de C hasta ahora mismo, incluyendo las últimas elecciones de 2016 con las elecciones generales que ganó el Partido Justicia y Desarrollo (PJD), bajo el liderazgo del hoy defenestrado Abdelilá Benkiran.


Madariaga califica el libro de “divulgación” más que académico ya que tiene la intención de llegar al gran público y admite que tiene lagunas, potenciando determinados aspectos en detrimento de otros, algo habitual al encarar una obra de gran calado como es la historia de un país que, obviamente y como señala, no se remonta a su independencia en 1956 sino que cuenta con largos siglos de historia detrás. No obstante, aclarar que eso no da pábulo a la teoría del Gran Marruecos de Alal El Fasi que recientemente causó problemas diplomáticos con Mauritania.
Es difícil pues analizar esta obra con estas premisas pero ya que la autora se ha centrado en sus dos terceras partes en la etapa contemporánea, que es la que mejor conoce, es en la que me detengo más. Desde la segunda parte, página 93 ya estamos situados en el siglo XIX y la tercera se inicia poco antes de la independencia del país hasta la actualidad. Hay muchas fuentes, detalles y bibliografía. Me centro más en el análisis de esta parte aunque insisto, poco hay que matizar y corregir excepto la parte referida al Sahara.
Todo lo que atañe a la presencia de España como antigua potencia colonizadora ya había sido analizada en sus obras anteriores y con más profundidad. Hay que recordar que el Protectorado de España en Marruecos abordó de 1912 hasta 1956 abarcando la zona norte, con referencia a sus ciudades -páginas 216 y 217- y una parte pequeña en el sur. Recorre el papel de lo que se llamó Alto Comisario de España en Marruecos y los que ostentaron el cargo durante este periodo.

Hasán II poco después del primer atentado que tuvo en 1971. Era “rencoroso y vengativo”
Hasán II poco después del primer atentado que tuvo en 1971. Era “rencoroso y vengativo”

Ya en la etapa de la independencia, en la página 258, la llamada guerra de las arenas contra Argelia la califica de opereta y recuerda que encumbró al entonces recién nombrado general Ufkir, cuya participación en el segundo intento de golpe de estado en 1972 a Hasán II le costó la vida.
Precisamente sobre Hasán II lo califica de “rencoroso y vengativo” además de tener “grandes dotes teatrales y una enorme capacidad de manipulación e intoxicación de las masas” sentenciando acertadamente: “no siempre consiguió engañar a todos, particularmente a los defensores de los derechos humanos”. Para rematar la etapa del monarca marroquí mantiene que los años del plomo que se mencionan en Marruecos incluye para ella, todo su reinado, de 1961 a 1999.
Otro caso es el reinado de Mohamed VI. Entre los muchos avances además de la mudawana que requiere una actualización, cita que hoy “los opositores no desaparecen sin dejar rastro” aludiendo al episodio del socialista Ben Barka que documenta de forma correcta y muy clara.
Destacar las referencias a la libertad de prensa y a los periodistas marroquíes Aboubakr Yamai y Ali Lmrabet, en la página 298 dentro del contexto de la libertad de prensa. Ambos han sufrido el exilio e incluso prisión en el segundo caso por defenderla.
Entre los errores y erratas citar en la página 296 que en 2011 tras las elecciones parlamentarias, el PJD pactó con los “partidos tradicionales” e incluye a la USFP (errata también en la página 277 con las siglas). Nada más alejado de la realidad, los socialistas en el periodo 2011-2016 estuvieron en la oposición y el Istiqlal si bien entró a gobernar con Benkirán luego dejó el ejecutivo.
Del conflicto del Sáhara, tema con el que cierra el libro, curiosamente, está inicialmente bien trazado aunque a mi juicio, muy mal rematado y con algunos datos inexactos. Creo además como tantos otros y en línea con la reciente sentencia del Tribunal Europeo que una cosa es Marruecos y otra, el Sahara, por lo que me explayo más. Lo inicia (aunque hay alusiones lógicamente anteriores) en la página 277 hasta la 290 en la etapa de Hassan II y lo culmina al final del libro en la etapa de Mohamed VI, páginas 300 a 302.
Cuenta lo ya sabido del conflicto y sus orígenes pero con errores, destaca la ambigüedad del Tribunal de La Haya, minimizando los más claros aspectos del dictamen, la no soberanía marroquí del territorio y se lía al aludir a la Yemaa o consejo tribal saharaui. Hay que recordar que tenía 102 miembros de los que 67 apoyaron al Polisario y entonces se autodisuelve; de hecho, cuando España se retira, las autoridades militares lo comunican solo a los 30 que quedaban de la Yemaa. Mencionar que la mayoría de la Yemaa apoyó las tesis marroquíes no es correcto, a no ser que se refiera a los 30, la minoría que se quedó, a la Yemaa una vez consumada la invasión.
Cierto es que hubo miembros promarroquíes –varios descendientes de ellos hoy tienen grandes fortunas en el disputado territorio- empezando por su presidente, Jatri Uld Said Uld Yumani, lacayo de Hasán II. Por cierto, uno de sus hijos, parlamentario en Rabat y otro está con el Frente Polisario, ejemplo que pasa en muchas familias saharauis. Curiosamente solo cita al vicepresidente Uld el Bachir en un pasaje ciertamente sorprendente cuando habla del retorno del Sahara a “Marruecos y a Mauritania” (página 286). Si es más que discutible ese supuesto retorno a Marruecos –no puede retornar lo que nunca le perteneció- incluir a Mauritania se puede calificar, como poco, de chocante.
Recordemos que en 1979 Mauritania deja el territorio adjudicado por los acuerdos tripartitos de Madrid y firma un acuerdo con el Polisario. Lo de la capital provisional de la RASD en Tinduf en 1976 (página 282) sinceramente, ignoro la fuente. La realidad es que la capital saharaui en el exilio desde siempre fue Bir Lehlu, donde se fundó la RASD en 1976 año que llegaban, recordemos, los primeros refugiados a Tinduf y donde eso sí, a día de hoy hay una infraestructura administrativa en el campamento de Rabouni pero no es la capital del exilio. A esto hay que añadir que sería bastante torpe poner la capital saharaui en el exilio en otro país, o sea en Argelia, dando argumentos a Marruecos.
Otro error es citar literalmente que la Marcha Verde duró varios días “hasta alcanzar El Aaiún”. Ignoro de donde ha sacado esta auténtica fantasía histórica, la citada Marcha traspasó solo 30 kilómetros la entonces frontera del Sahara español hasta Daora y se retiró –la parte civil- el 9 de noviembre, entonces, recordemos, aun había tropas españolas, las marroquíes llegaron a El Aaiún el 11 de diciembre de 1975. Si se refiere a la llegada de miles de colonos fue posterior una vez cedido el territorio.
La autora rechaza la versión marroquí de que se trata de un conflicto con Argelia –mantra que repiten las autoridades del reino jerifiano- y recuerda como al inicio del conflicto la opinión pública marroquí creía enfrentarse a Argelia y no a independentistas saharauis.
Otro concepto más que chocante y más al hablar de este conflicto y del Derecho Internacional es decir que se transfirió “la soberanía a Marruecos y Mauritania” (página 286). Perdone, pero cualquier diplomático le dirá que no se puede transferir la soberanía porque España no la tenía, no lo digo yo, lo decía entonces el propio Gobierno español. Y es que hay palabras que las carga el diablo. De hecho, hoy en día el territorio sigue en disputa como autónomo y pendiente de su descolonización en Naciones Unidas. La supuesta soberanía marroquí no está reconocida por ningún país del mundo como debe saber. Otra cosa es que la legislación que se aplica en la mayor parte del territorio es la de Marruecos pero eso no implica la soberanía.
Cita literalmente por último algo que muchos compartimos, que el conflicto del Sahara necesita “urgentemente una solución”. Propone en línea con el conocido arabista Bernabé López, apoyar realidades y no cercenar sueños optando por una amplia autonomía y sobre todo democrática para el territorio. Bien sabe que tras esa puerta entrarán otras zonas y ella misma cita el Rif, -donde, por cierto, bien describe la represión brutal sometida en los años 1958-59-, por lo que es abrir una espita que elmajzén difícilmente permitirá a no ser una autonomía descafeinada manejada por notables.

Mapa que explica la situación del Sahara –en castellano las ciudades son Bojador y Dajla y no como figura en francés-. Fuente: diario La Nación de Costa Rica.
Mapa que explica la situación del Sahara –en castellano las ciudades son Bojador y Dajla y no como figura en francés-. Fuente: diario La Nación de Costa Rica.

También en el mapa de la página 313, aparece el Sahara con el territorio controlado por Marruecos y el que está allende el muro lo adjudica a…..Mauritania. Estoy seguro que la autora coincidirá conmigo que hay un territorio y unas localidades donde nunca entró Marruecos y que alguien debe gestionar, ya que formaban parte del Sahara español y, se lo aseguro, no es Mauritania. Marruecos lo llama zona tapón y en su ficción al parecer no lo controla nadie. Cito lo obvio, desde la invasión marroquí el territorio de lo que fue un día el Sahara español lleva 41 años dividido, antes y después del muro que lo separa.
Respecto a la grafía de los nombres en árabe aunque lo aclara –y bien aclarado al inicio del libro- señala que los nombres ya hispanizados aparecen como tales luego no ocurre así. Aparece Uxda (ciudad natal como se sabe del presidente argelino, Buteflika), como en la etapa del Protectorado, en vez de Uchda y Agdym Izik, sería Agdaym Izik o el más clásico Gdeim Izik. El periodista Ali Lmrabet aparece como Lamrabet. Comprendo que es difícil ya que en el mismo libro aparece Ufkir y Ufikir (página 260) En todo caso, son solo detalles. El lector sin duda agradece el glosario de términos árabes y bereberes, significativamente no incluye los hasaníes.
A los que aún quieran ahondar más en el país vecino citar, al igual que figura en la bibliografía, ‘Marruecos, del imperio a la independencia’ del historiador australiano C. Richard Pennell, publicado por la editorial Alianza en 2006 -hay edición de bolsillo, ‘Breve historia de Marruecos’ en 2009- y la ‘Historia de Marruecos’ del historiador canario Victor Morales Lezcano realizada en 2006, con motivo del 50 aniversario de la independencia. Finalmente no recomiendo ‘Historia de Marruecos moderno’ de Susan Miller editado en Akal y que se incluye en la bibliografía, curiosamente, en su edición en inglés pero no la española.