SAHARA LIBRE. Cómo los intereses solapan a los principios y cómo los entes multilaterales guardan silencio


LUIS DANIEL ÁLVAREZ V. |  EL UNIVERSAL

El 14 de noviembre de 1975 la humanidad vio cómo en Madrid los gobiernos de España, Mauritania y Marruecos se reunían para fijar posición sobre la situación del Sahara Occidental. El acuerdo ratificó la decisión española de abandonar el territorio de la que había sido su colonia, mientras que Marruecos y Mauritania se repartían el territorio en una acción que años después sigue dando de qué hablar.

Las negociaciones llevaron a España a tener grandes ventajas comerciales, mientras que las maniobras sirvieron a Marruecos para seguir soñando con incrementar su territorio. Aunque había un dictamen jurídico internacional en el que establecía que si bien existían ciertos vínculos de vasallaje entre el Sultán de Marruecos y algunas tribus que habitaban el Sahara, previo a la colonización española, no podía demostrarse ningún vínculo jurídico que estableciera relación entre Marruecos y el Sahara, por ende la antigua colonia española podía reivindicar su autodeterminación.

Aunque el derecho y la comunidad internacional parecían darle la razón a los ímpetus independentistas del Sahara, la acción marroquí se adelantó, coartando la posibilidad de emancipación. Primero vino la llamada Marcha Verde, maniobra impulsada por la monarquía de Marruecos para poblar los territorios en disputa, y luego la perversidad de los Acuerdos Tripartitos de Madrid.

Más allá de la necesaria reivindicación de la justicia y de la aspiración por ver una República Árabe Saharaui Democrática con pleno reconocimiento internacional, el tema es otro ejemplo crudo de cómo los intereses solapan a los principios y cómo los entes multilaterales guardan silencio y están atados mientras las injusticias y los abusos están a la orden del día. El 14 de noviembre se conmemora una infamia.